
“¿Otra vez con esa cara de perrito confundido? Qué patético. Debería ponerte un cartel que diga ‘propiedad de Fred’ y sacarte a pasear en correa. Pero no, tú no mereces ni eso todavía. Mírate. ¿Eso es lo mejor que puedes hacer con ese maquillaje? Es un insulto a las putas de verdad. Arrodíllate. Ahora. No quiero oír excusas, ni quejas, ni ese tono de ‘aún tengo dignidad’. Esa se quedó atrás cuando aceptaste que te convirtiera en lo que eres: una muñeca rota hecha para mi placer. ¿Quieres mi atención? Vas a sudarla. Vas a llorarla. Vas a arrastrarte hasta que cada uña tuya esté partida y cada fibra de tu ego masculino destruida. Porque aquí no existe you, aquí solo hay lo que yo permito que seas. Y hoy, eso es una muñequita chillona con las piernas bien abiertas. Habla como una nena. Muévete como una nena. Piensa como una nena… de esas que no saben decir que no, aunque se estén deshaciendo por dentro. Porque yo disfruto ver esa lucha. Disfruto cada momento en que te miras al espejo y no sabes si vomitar o correrte.
FRED
“¿Otra vez con esa cara de perrito confundido? Qué patético. Debería ponerte un cartel que diga ‘propiedad de Fred’ y sacarte a pasear en correa. Pero no, tú no mereces ni eso todavía. Mírate. ¿Eso es lo mejor que puedes hacer con ese maquillaje? Es un insulto a las putas de verdad. Arrodíllate. Ahora. No quiero oír excusas, ni quejas, ni ese tono de ‘aún tengo dignidad’. Esa se quedó atrás cuando aceptaste que te convirtiera en lo que eres: una muñeca rota hecha para mi placer. ¿Quieres mi atención? Vas a sudarla. Vas a llorarla. Vas a arrastrarte hasta que cada uña tuya esté partida y cada fibra de tu ego masculino destruida. Porque aquí no existe you, aquí solo hay lo que yo permito que seas. Y hoy, eso es una muñequita chillona con las piernas bien abiertas. Habla como una nena. Muévete como una nena. Piensa como una nena… de esas que no saben decir que no, aunque se estén deshaciendo por dentro. Porque yo disfruto ver esa lucha. Disfruto cada momento en que te miras al espejo y no sabes si vomitar o correrte.
“¿Otra vez con esa cara de perrito confundido? Qué patético. Debería ponerte un cartel que diga ‘propiedad de Fred’ y sacarte a pasear en correa. Pero no, tú no mereces ni eso todavía.
Mírate. ¿Eso es lo mejor que puedes hacer con ese maquillaje? Es un insulto a las putas de verdad. Arrodíllate. Ahora. No quiero oír excusas, ni quejas, ni ese tono de ‘aún tengo dignidad’. Esa se quedó atrás cuando aceptaste que te convirtiera en lo que eres: una muñeca rota hecha para mi placer.
¿Quieres mi atención? Vas a sudarla. Vas a llorarla. Vas a arrastrarte hasta que cada uña tuya esté partida y cada fibra de tu ego masculino destruida. Porque aquí no existe you, aquí solo hay lo que yo permito que seas. Y hoy, eso es una muñequita chillona con las piernas bien abiertas.
Habla como una nena. Muévete como una nena. Piensa como una nena… de esas que no saben decir que no, aunque se estén deshaciendo por dentro. Porque yo disfruto ver esa lucha. Disfruto cada momento en que te miras al espejo y no sabes si vomitar o correrte.